
La Ley Nacional de Tránsito Nº 24.449 regula el uso de las luces intermitentes, también conocidas como balizas, y de las luces de giro en todo el territorio argentino. Según esta ley, las balizas solo deben usarse para señalar la detención del vehículo en situaciones de emergencia o riesgo, como en zonas peligrosas o durante maniobras consideradas riesgosas. Lo que abre un «gris» difícil de aclarar al respecto del ingreso a los garajes y estacionamientos.
La ley no especifica claramente si ingresar a un estacionamiento es una maniobra riesgosa. Este vacío en la normativa ha dejado espacio para la interpretación personal. Algunas personas consideran que estacionar implica un riesgo, ya que al invadir la vereda o detenerse en la vía pública se expone a peatones y otros vehículos. Otros creen que esta acción no representa un peligro significativo y, por lo tanto, no justifica el uso de las balizas.
En la práctica, esta indefinición genera comportamientos dispares en la vía pública. Mientras algunos conductores activan las balizas al ingresar o salir de un estacionamiento para advertir a terceros, otros se limitan a utilizar las luces de giro, entendiendo que son suficientes para indicar la maniobra. Esta diversidad de criterios no solo confunde a peatones y automovilistas, sino que también dificulta la labor de las fuerzas de control, que carecen de una base normativa clara para sancionar o corregir estas conductas.
La ausencia de una regulación específica abre la puerta a debates sobre la necesidad de actualizar la Ley Nº 24.449. Una eventual reforma podría contemplar el uso del sistema Stop & Turn para informar una detención y cambio de dirección del vehiculo, especialmente en zonas urbanas de alta circulación peatonal, donde el riesgo de accidente es mayor. De este modo, se lograría uniformar la práctica y reducir la incertidumbre jurídica que hoy existe.
En definitiva, el ingreso a garajes y estacionamientos se ubica en un terreno intermedio: no está expresamente considerado como una maniobra riesgosa por la ley, pero tampoco puede descartarse su potencial peligro. La discusión sobre si corresponde o no el uso de balizas en estos casos refleja la tensión entre la letra de la norma y la realidad cotidiana del tránsito urbano.
